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Texto
leído en la presentación
del libro
de la escultora Susana Lescano,
Museo Caraffa, Córdoba,
2006. |
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Querida Susana, como estás,
antes que nada quiero agradecerte el haberme invitado a presentar
tu libro. Quiero agradecerte como diseñador y como artista.
Te confieso que me tomaste por sorpresa y en un primer momento dudé… pero
luego me emocionó la
idea, aunque seguramente no te lo hice saber.
Como diseñador:
Simplemente decirte que fue
un placer para nuestro estudio desarrollar La escultura de Susana
Lescano; creo que si bien llevó más
tiempo del que todos pensábamos, trabajamos a gusto. Será porque
no te pareces a esas personas que te dicen: vos sos él que
sabe, y después, a noooo ese rojo en la tapa no, el rojo no
me sienta bien, como si se tratara de un vestido. Será porque
no sos como aquellos artistas que creen que el arte está por
encima de todo y bajo ningún punto de vista permiten tipografía
encima de su obra; como si uno, en lugar de armar el diseño
en la computadora, estuviera pegando letras sobre su trabajo.
Tampoco te pareces a los que te dan la razón en todo, porque
leyeron el capítulo Cómo tratar a los proveedores en
algún libro de márketing y luego de darte la razón,
meten mano y logran que el diseño se convierta en una ensalada
mixta desabrida.
Te cuento que me sentí casi como un doctor, porque cuando
un doctor afirma: usted tiene tal enfermedad y debe tomar tal remedio
uno le cree, para algo los pobres doctores se mataron tanto tiempo
estudiando. En cambio, en torno al diseño, todos podemos opinar
sin temor a equivocarnos total, dicen, que sobre gustos no hay nada
escrito.
Como artista.
Mi sorpresa fue mayor, ya que prácticamente nos conocimos
a partir de tu libro y porque pertenecemos a distintas generaciones.
Viste que cuando los artistas pensamos en otros artistas para compartir
nuestro trabajo nos cuesta salirnos de nuestra generación,
nos cuesta corrernos de nuestro grupo.
Somos una infinidad de círculos inconexos y muchas veces
pasa que cuando somos jóvenes y sabemos que podemos cambiar
el mundo, no logramos detenernos a mirar hacia atrás. Y cuando
dejamos de ser jóvenes también dejamos de mirar lo
nuevo, total sabemos que de todo eso, muy poquito va a tener continuidad
en el tiempo. Entonces las diversas generaciones no nos cruzamos
y perdemos la oportunidad de aprender unas de otras.
Seguramente
la falta de documentación contribuye a que no
nos conozcamos, pero también hay algo en nosotros, en nuestra
cultura, quizás nos sentimos más cómodos esquivando
la memoria.
Te cuento que una de mis obsesiones son los cruces, diversos
cruces: entre arte y política, entre lo público y lo privado,
entre distintos medios de producción, y también entre
generaciones de artistas. Y por eso me encanta que me hayas invitado
a celebrar la presentación de tu libro. Porque estar, es producir
un cruce y porque tu libro facilita futuros cruces.
Y ya despidiéndome, estoy pensando que la noche del 27 debemos
brindar porque a partir de éste libro de 260 páginas
más tapa, los cordobeses y especialmente los artistas plásticos,
somos un poco menos indocumentados.
Un fuerte abrazo
Lucas |
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