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Hombre que quería cambiar el mundo
Había un hombre que quería cambiar el mundo y que vivía en una ciudad que evitaba tocar el mar. Una vez, el hombre que quería cambiar el mundo viajó a otra ciudad que en otro país también evitaba tocar el mar.
La ciudad en la que vivía el hombre que quería cambiar el mundo tenía dos escuelas de arte y lo mismo sucedía en la ciudad adonde un día el hombre viajó. Ahí conoció artistas de esa ciudad que no era la suya. Uno de ellos se llamaba Samir Lucas.
El hombre que tuvo oportunidad de conocer a Samir Lucas había estudiado arte en una de las dos escuelas de su ciudad y no fue que él hubiera elegido esta escuela; simplemente sucedió que el hombre que quería cambiar el mundo no sabía que había dos escuelas de arte e ingresó a la misma en la que estudiaba una amiga, que por otra parte era quien lo había convencido para que estudiara arte. Aun antes de conocer a esta amiga que le había convencido de estudiar arte el hombre que quería cambiar el mundo no sabía que había escuelas de arte en la ciudad en la que vivía.
Ya dentro de su escuela de arte, el hombre que quería cambiar el mundo realizó apasionadamente sus primeras pinturas y dibujos y grabados y esculturas, y en medio de ese hacer el hombre se dio cuenta que deseaba contagiarse del hacer de sus compañeros. Y junto a sus compañeros el hombre que quería cambiar el mundo descubrió que había dos tipos de estudiantes de arte en su escuela. Por un lado estaban los pintores y por el otro los que, como él, querían cambiar el mundo. Entonces, sólo cuando el deseo de
cambiar el mundo se tomaba vacaciones, el hombre que quería contagiarse de sus compañeros encontraba tiempo para pintar, y lo hacía de nuevo apasiondamente. Seguramente alguien inteligente inventó esas vacaciones, solía pensar el hombre.
Cambiar el mundo tenía reglas muy claras por aquellos días, reglas que con el tiempo al hombre que quería cambiar el mundo le darían pereza recordar. Quizás la reglas son claras porque las ponemos al sol, también solía pensar el hombre. Pero con el tiempo y como era de esperar, el hombre y sus compañeros de quienes deseaba contagiarse, descubrieron que era posible y más llevadero y hasta necesario pintar mientras cambiaban el mundo. Así el hombre y sus compañeros también lograron darse cuenta de que el mundo los cambiaba a ellos. Pero lo verdaderamente importante que descubrieron fue que para hacer buena pintura y cambiar el mundo al mismo tiempo, mientras el mundo los cambiaba a ellos, tenían que aprender a ser ellos mismos.
Y todo esto apareció como pensamiento en el hombre que quería cambiar el mundo mientras miraba cómo Samir Lucas hacía sus pinturas en sentido horizontal. Y el hombre se alegró enormemente al darse cuenta de que su nuevo amigo, quien también vivía en una ciudad que evitaba tocar el mar y tenía dos escuelas de arte, se lo traía a la memoria.
Lucas Di Pascuale |
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